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Informe especial: cambio climático obliga a la biotecnología a nuevos desafíos para el agro
Informe especial: cambio climático obliga a la biotecnología a nuevos desafíos para el agro

 

Por Jorge E León Pineda

Gobierno e investigadores ajustan estrategias para enfrentar el impacto del cambio climático, y lograr adaptación de sistemas agrícolas.

Reducir el impacto del cambio climático es un elemento clave en el desarrollo sostenible y particularmente para la industria y la producción agrícola. Ante este amenazador panorama, la industria y otros actores están buscando soluciones y formas de minimizar los efectos negativos del cambio climático. En esta lucha contrarreloj la biotecnología se ha situado como una de las vías de lucha más importantes de los últimos tiempos.

Con este manifiesto, la Fundación Antama, organización española que divulga el desarrollo de las nuevas tecnologías aplicadas a la agricultura, el medio ambiente y la alimentación en Europa y el mundo , resalta la gran importancia de la investigación y el desarrollo de nuevas alternativas tecnológicas para enfrentar el gran desafío que representa para la seguridad alimentaria, el cambio climático.

En Colombia, la Universidad Nacional sede Manizales, anunció en 2011 a través de su agencia de noticias, el fortalecimiento de las relaciones con universidades de Estados Unidos y México en grupos de investigación en cambio climático y procesos químicos, catalíticos y biotecnológicos de categoría A1.

“Investigaciones relacionadas con biocombustibles, biomasa, alimentos, gases efecto invernadero, entre otras, son las que con mayor proyección se adelantaron por los grupos de investigadores”, indicó el informe.

Como resultado de estos proyectos fueron posibles nuevos vínculos con las universidades estadounidenses de California, Texas A&M, Rice, Maryland y Yale y la Nicolás Hidalgo en México. El objetivo de estos convenios es aplicar las estrategias desarrolladas en la UN a procesos específicos de las universidades extranjeras.

"En cuanto a resultados, son destacables las ponencias presentadas durante el Congreso Mundial de Energías Renovables en Suecia, ya que generaron buena discusión científica con pares de Suiza, India y Estados Unidos en torno a la visión que estamos planteando para el tema gases efecto invernadero y su cálculo en diferentes actividades industriales", argumentó el docente Carlos Ariel Cardona Alzate, coordinador académico.

Acciones del gobierno

El gobierno nacional ha emprendido algunas acciones para enfrentar el cambio climático. En las “Memorias al Congreso 2011-2012”, el Ministerio de Agricultura reportó las acciones que se vienen tomando en diferentes frentes de la actividad agropecuaria, para la adaptación al cambio climático:

− Con el concurso de diferentes actores del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI), se realizaron varias sesiones para la presentación, discusión y concertación del Megaproyecto de Cambio Climático para el Sector Agropecuario, en el contexto del documento CONPES 3700 de 2011 y del nuevo arreglo de Sistema General de Regalías (eje temático de Ciencia, Tecnología e Innovación).

− Se oficializó la adhesión de Colombia a la Alianza Global de Investigación sobre Gases de Efecto Invernadero, en el que participan oficialmente 32 países.

− Con la Cooperación Internacional (GIZ, USAID, CDKN) y con la participación de actores del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI) y del Sistema Nacional de Cambio Climático, se vienen adelantando varios ejercicios de adaptación y mitigación en el sector agropecuario colombiano.

− Se están construyendo las bases para la definición del plan sectorial de adaptación al cambio y variabilidad climática, el cual será parte constitutiva del plan nacional de adaptación.

− Se están construyendo las bases para la definición de la estrategia sectorial de desarrollo bajo en carbono, en el marco de la estrategia colombiana de desarrollo bajo en carbono (ECDBC).

− Se fortaleció la infraestructura tecnológica (estaciones agroclimatológicas) para la recopilación de la información técnica.

− Con diferentes instituciones del orden nacional (IGAG-IDEAM) se adelantó un ejercicio para dotar al sector de herramientas tecnológicas para la toma de decisiones. Además, se firmó con el IDEAM un convenio para la actualización de mapas de riesgo y definición de escenarios futuros de cambio climático.

− Consolidación de los nodos regionales de la Red Interinstitucional de Cambio Climático y Seguridad Alimentaria, en los departamentos de Caldas, Risaralda, Tolima, Quindío, Meta y Córdoba, con el propósito de contribuir a mitigar y disminuir la vulnerabilidad del sector, ante los impactos originados por el efecto de cambio climático y la variabilidad climática.

Adopción de biotecnologías

Y camino a la preparación del cambio tecnológico para enfrentar los rigores del cambio climático, Colombia continúa expandiendo su área de cultivos genéticamente modificados (GM) y la adopción de nuevas tecnologías para consolidar la seguridad alimentaria, lograr mayor productividad, reducir costos de producción y aplicación de agroquímicos.

En este sentido, la Asociación de Biotecnología Vegetal Agrícola, Agro-Bio, asegura que los resultados de adopción de cultivos biotecnológicos, para Colombia y el mundo, son positivos.

En el caso de Colombia, de acuerdo con los datos de siembra de cultivos genéticamente modificados con cierre a 2012, proporcionados por el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), muestran que los agricultores sembraron un total de 75.046 has de maíz GM, 28.172 ha de algodón genéticamente modificado y 12 has de flores GM (claveles y rosas azules para exportación).

Ya son 20 los departamentos del país que le apuestan a la siembra de estos cultivos genéticamente modificados. Se destacan en la siembra de maíz: Tolima, con 19.908 ha; Córdoba con 16.605 ha y Meta con un total de 15.582 ha. Para el caso de algodón los departamentos con mayor índice de siembra siguen siendo: Córdoba con un total de 13.727 hectáreas; Tolima con 6.309 hectáreas; y Cesar con 4.673 hectáreas.

Es importante destacar el aumento en la adopción del maíz genéticamente modificado en el país. Para 2012 el incremento de siembra en este cultivo fue de 15.806 hectáreas con respecto a 2011, un crecimiento del 21%. Adicionalmente se sumaron dos departamentos a la lista de cultivadores: Norte de Santander y Bolívar.

Para la Asociación de Biotecnología Vegetal Agrícola, Agro-Bio, “los agricultores de las regiones productoras de cultivos biotecnológicos han encontrado en la tecnología una herramienta sostenible para proteger sus cultivos, ahorrar costos de producción y obtener una mejor y mayor cosecha, además son conscientes de los beneficios que esta tecnología aporta para el medio ambiente, su calidad de vida y el crecimiento del sector agrícola”, afirmó María Andrea Uscátegui, directora ejecutiva del organismo.

Para el caso específico de las flores GM (claveles y rosas), a las que se le ha modificados su color, el crecimiento fue significativo y en 2012 se sembraron 8 has más que el año anterior (4 ha). Cabe afirmar que este producto es netamente de exportación para el mercado internacional.

Según Clive James, autor del informe anual y director-fundador del Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agro-biotecnológicas (ISAAA), “los cultivos GM son importantes, pero no son la panacea, y la adopción de buenas prácticas agrícolas, como las rotaciones y el manejo de la resistencia, son imprescindibles para los cultivos GM, de la misma manera que lo son para los cultivos convencionales”.

Seguridad alimentaria

Un informe difundido por el Centro Internacional de Agricultura Tropical, CIAT, señala lo siguiente, respecto a la nueva iniciativa para impedir que el cambio climático inutilice seguridad alimentaria mundial:

En medio de una creciente alarma de que el cambio climático podría asestarle un golpe demoledor a la seguridad alimentaria de los países pobres, una asociación colaborativa de los más destacados expertos mundiales en agricultura, clima y medio ambiente anunció una reacción intensa y global para hacerle frente al impacto que causan los patrones climáticos cambiantes en la producción agrícola y pecuaria, y para encarar las ominosas consecuencias que esos cambios anuncian para la seguridad alimentaria del mundo.

En esta acción esforzada se ha propuesto para el 2020, reducir la pobreza en un 10% en regiones elegidas como objetivo, reducir en un 25% el número de campesinos pobres que se encuentran mal nutridos, y ayudar a los agricultores de los países en desarrollo en la tarea de mitigar el cambio climático, ya sea aumentando la capacidad de almacenamiento o reduciendo las emisiones de gases de invernadero en una cantidad equivalente a 1000 toneladas anuales de dióxido de carbono. Esto plantea un escenario diferente si lo comparamos con el de ‘hacer el trabajo de siempre’.

Se trata del esfuerzo más integrador que se haya emprendido hasta la fecha para abordar las interacciones que hay entre el cambio climático, de un lado, y la seguridad alimentaria, los medios de vida de la población y el manejo del medio ambiente, del otro.

Este programa surge de una nueva colaboración entre el Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR, en inglés) y la Alianza Científica del Sistema de la Tierra (EESP, en inglés) para reunir la investigación estratégica llevada a cabo por ellos y sus respectivos socios colaboradores, haciendo un esfuerzo colectivo que será coordinado por el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), cuya sede está en Colombia.

“Durante siglos, los agricultores han demostrado una sorprendente habilidad para adaptarse a las incertidumbres del clima. Sin embargo, el rápido incremento de las temperaturas y el clima impredecible vinculado a ellas podrían llevar a los pequeños agricultores, que son muy vulnerables, a un punto en que, superadas sus capacidades ordinarias, tendrán que habérselas con los cambios que afectarán tanto los ciclos de cultivo como la presión que ejercerán entonces insectos, enfermedades y malezas”, dijo Lloyd Le Page, director ejecutivo del consorcio del CGIAR.

“Esa es la razón de que convoquemos a los mejores científicos del mundo y de que nos esforcemos por hallar métodos nuevos que les permitan trabajar a ellos, junto con los agricultores y con los diseñadores de políticas, en la producción de conocimientos innovadores que contribuyan a la solución de esos desafíos”

Mejores investigadores de mundo

El lanzamiento del Programa sobre Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria =CCASA= congrega los mejores investigadores del mundo en ciencias agrícolas, estudio del desarrollo, ciencia del clima y ciencia del Sistema de la Tierra, para identificar y abordar luego, las interacciones, las sinergias y los compromisos más importantes que se dan entre el cambio climático, la agricultura y la seguridad alimentaria.

CCASA es el comienzo de un intenso trabajo de largo plazo cuyo presupuesto inicial, para 3 años, vale, en total,US$206 millones. Mediante la acción de la investigación general para el desarrollo y la obtención de fondos,-con los atractivos que ofrece la nueva colaboración científica- el programa avanzará mucho hacia su meta de lograr una seguridad alimentaria sostenible frente al cambio climático.

“Este nuevo programa colaborativo representa una respuesta franca e innovadora al reto de adaptar la agricultura al cambio del clima y a su variabilidad, mientras se perciben claramente las oportunidades que se presentan a los agricultores para mitigar el calentamiento global”, dijo Inger Andersen, fundador emérito del CGIAR y vicepresidente del área de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial.

“El programa llega mucho más lejos que nuestras actividades ordinarias, y define una nueva fase en nuestro esfuerzo de hacer frente al cambio climático en la agricultura mediante la ciencia colaborativa de última generación”.

“Los centros del CGIAR han trabajado siempre para ayudar a los agricultores de los países pobres a enfrentar condiciones desafiantes, proporcionándoles cultivos que toleren la sequía o proponiéndoles mejores estrategias de manejo del suelo y del agua”, dijo Bruce Campbell, Director del CCASA.

 

Ahora bien, agregó, el cambio climático amenaza con alterar las condiciones del crecimiento de las plantas de manera tan rápida y dramática como para exigir ya un esfuerzo intensivo que se alimente de la combinación de los talentos de todos nuestros centros e instituciones asociadas. Queremos hacer sentir la idea de que es urgente no sólo hallar soluciones y ponerlas en práctica sino atraer más apoyo financiero para este esfuerzo.

“La colaboración entre los científicos del CGIAR y los académicos del ESSP es única en cuanto reúne dos comunidades del sector investigativo, diferentes y apartadas, pero altamente capacitadas, que se aplican a la investigación básica y a la aplicada respecto al desarrollo, a la sostenibilidad y a las modificaciones del medio ambiente”, dijo Rick Leemas, presidente del Comité de Orientación Científica del ESSP.

“La acción de compartir nuestros recursos y combinarlos conducirá, sin la menor duda, a la invención de formas más innovadoras de mitigar el cambio climático adaptándose a él y de proporcionar, al mismo tiempo, incentivos que harán avanzar con éxito el desarrollo agropecuario.”

Importancia de las buenas prácticas

Las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) son un conjunto de prácticas generales que se realizan en el campo, en la producción agrícola primaria, y que permiten evitar, corregir o controlar los riesgos en caso de que se vuelvan amenazas.

Operan en tres grandes ámbitos: Inocuidad de los alimentos, protección del ambiente, y bienestar de operarios y productores.

Las Buenas Prácticas surgen como la emulación de las normas o protocolo Eurep-GAP, parámetro privado diseñado para llegar al mercado con productos de calidad exportadora. Las BP las implementan los países pertenecientes a la Comunidad Económica Europea (CEE), quienes las exigen para el ingreso de productos agrícolas a sus mercados, lo cual garantiza eficiencia en el manejo de los recursos e inocuidad del producto.

Las buenas prácticas de manejo de los productos agrícolas, consideran los principios y prácticas más apropiadas en la producción de productos frescos y durante su proceso de adecuación o conservación. Este concepto se engloba en dos sistemas preventivos: Buenas Prácticas Agrícolas y Buenas Prácticas de Manufactura.

Las Buenas Prácticas promueven la conservación y promoción del medio ambiente con producciones rentables y de calidad aceptable, manteniendo además la seguridad alimentaria requerida para un producto de consumo humano. Esto se logra mediante un manejo adecuado en todas las fases de la producción, desde la selección del terreno, la siembra, el desarrollo del cultivo, la cosecha, el empaque, el transporte hasta la venta al consumidor final.

Las Buenas Prácticas Agrícolas combinan una serie de tecnologías y técnicas destinadas a obtener productos frescos saludables, de calidad superior, con altos rendimientos económicos, haciendo énfasis en el manejo integrado de plagas y enfermedades, conservando los recursos naturales y el medio ambiente, minimizando los riesgos para la salud humana.

 


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